LA GESTIÓN EMOCIONAL EN JÓVENES PROMESAS

14 abr. 2016

Sólo un uno por cien de todos los jugadores que están en las escuelas de fútbol llegarán a ser profesionales; un porcentaje muy bajo que debe hacernos reflexionar sobre las prioridades en la etapa de formación.

Para ese noventa y nueve por cien que no llegará a ser profesional, la prioridad en esta etapa debe ser la adquisición de hábitos saludables, valores positivos, el aprendizaje y mejora de sus cualidades, pero sobre todo la diversión y el disfrute.

Ahora bien, ¿qué hacemos con ese uno por cien que desde muy pequeño ya está destacando y parece “destinado” a poder triunfar en el deporte?

Normalmente, estos niños son jugadores que se desarrollan muy pronto y que tienen unas habilidades innatas muy avanzadas que van a repercutir en: jugar siempre, conseguir superar sus acciones con éxito y destacar sobre el resto con mucha facilidad; y lo más peligroso es que lo harán sin apenas esfuerzo.

Es por ello, que todos estos jugadores son una población de riesgo, sobre todo a nivel emocional, ya que van a estar sometidos a muchas expectativas externas con la presión que eso conlleva. Si no hay una buena gestión de esta situación, lo primero que puede pasar es que nunca lleguen a triunfar, y lo segundo y más grave, que pueda derivar en diferentes psicopatologías.

Para enfocar de forma positiva esta evolución, os propongo los siguientes consejos:

1. Entender primero que antes que futbolista es niño y quiere pasárselo bien.

2. Controlar nuestras expectativas hacia ellos; evitar que sientan que tienen alguna responsabilidad más allá que la de aprender y jugar.

3. Sin prisa para cambiarlo de club, no hace falta acelerar el proceso. En ese club tiene amigos, y si está cómodo allí, todavía puede continuar.

4. Dentro de ese club o si ya ha salido a otro mejor, puede ir buscando retos mayores como entrenar o jugar con algún equipo de categoría superior. De esta manera, empezará a exigirse más y evitará el acomodamiento.  

5. La frustración por el fallo o por no conseguir siempre lo que se propone debe convertirse en algo que pueda ser capaz de tolerar y también en parte de su aprendizaje, pues le puede hacer mejorar.

6. Enseñarle la importancia del compromiso en el deporte; una vez te comprometes a algo, debes cumplir con ello.

7. Valorarle el éxito en su esfuerzo y en cómo hace las cosas, por encima del resultado que obtenga.

8. A medida que vaya creciendo, evitar la sobreprotección otorgándole más responsabilidades (siempre en aspectos que dependan de uno mismo) y ayudándole a poder enfocar las amenazas como retos.

9. Este proceso es largo, pero el mensaje debe tener una continuidad en el tiempo y una coherencia entre padre/madre y entrenador.

Nosotros, los psicólogos deportivos, podemos ayudar a que todos esos jugadores que se pierden por el camino por no tener los recursos emocionales adecuados, puedan ser cada vez menos, a través tanto del trabajo individual con esos deportistas, como con los padres y entrenadores en forma de asesoramiento.

Pero sobre todo, podemos ayudar a crear un clima mucho más saludable en todo el contexto deportivo que afortunadamente cada vez es más amplio y es donde conviven miles de niños en un momento clave de su educación.

¡Empecemos a poner de nuestra parte para que el deporte consiga ser siempre algo positivo para nuestros pequeños deportistas! 

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